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miércoles, 29 de mayo de 2013

El daño institucional de un descenso


  • ¿Cómo es la vida en el Estudiantes una año después del descenso?
  • ¿En que condicionó la mala temporada al futuro a largo plazo del club?
Una temporada después del momento más duro en la historia colegial, las cosas son muy diferentes por el Magariños, donde el indulto fue la mejor noticia del verano, y donde un proyecto innovador intenta devolver las sonrisas a una de las aficiones más fieles de España.

Todos recordamos las imágenes del Palacio de los Deportes de Madrid bañado en lágrimas, de la Demencia pidiendo la salida de unos toreros incapaces de lidiar con el morlaco de la LEB. Igual que todos recordamos la polémica que hubo los quince días posteriores, los cuales terminaron en salvación institucional.

Inmediatamente después de confirmarse la noticia de que el Estudiantes era equipo de ACB, el club presentó a Himar Ojeda como director deportivo, dándole al canario plenos poderes para estructurar un proyecto que devolviese al histórico club colegial a los puestos de play-off.

Sin embargo, y pese a los grandes fichajes que hace, algo le impide maniobrar con total libertad: el presupuesto. Un presupuesto totalmente reducido, debido a los errores del pasado, fallos garrafales de planificación que condenaron al equipo a un infierno no deportivo pero sí económico.

Todas las malas noticias, irónicamente, vienen del verano más ilusionante de los últimos años, donde la institución confundió nacionalidades, olvidó valores y trató de crear una embajada estadounidense en el Ramiro de Maetzu comandados, eso sí, por Pepu Hernández.

Olivé, Asselin, Pancho Jasen, Nik Caner-Medley y Sergio Sánchez abandonaron el club reforzando a rivales directos, mientras que ningún jugador llegó al Magariños procedente de otro equipo de la ACB.

Los resultados no llegaban, la profesionalidad de los americanos era nula y el Estudiantes caía a una situación inimaginable durante el verano y que obligó a realizar otra partida de fichajes y rescisiones de contratos que mermó aún más las posibilidades económicas estudiantiles.


Así, en el mes de febrero, con el mercado abierto, los colegiales oficializaron los fichajes de Chris Lofton, Wllie Dean, Louis Bullok, Tariq Kirskay -actual ídolo de la afición- y Trifón Poch.

Todas estas operaciones supusieron un gasto irreal, que obligaba al equipo a depender del aval de la salvación. Una salvación que, pese a los esfuerzos del nuevo entrenador y de los más veteranos, no llegó nunca e incluso estuvo presente el miedo de desaparecer.

Con este panorama, difícil es fichar e iniciar un nuevo proyecto, a no ser porque el Estudiantes puede dejar de lado sus valores, pero nunca olvidarlos y, afortunadamente para los celestes, la cantera sí se ha trabajado bien.

Durante el pasado verano, todos los americanos que se pasearon por las canchas de la competición sin ofrecer el rendimiento que se esperaba de ellos abandonaron el club dejando paso a seis fichajes, cinco de los cuales llegaban procedentes de rivales directos.

Tras una gran primera vuelta, los de Txus Vidorreta se metieron en Vitoria, en la fiesta del baloncesto, en la Copa del Rey. 

A partir de este acontecimiento, las lesiones merman al equipo y el ansiado playoff no llega. 

En este punto se supone que termina la historia colegial, aunque el futuro es más incierto que nunca. Himar Ojeda, artífice de un año prometedor y un proyecto de futuro, abandona el club sin renovar el contrato, Vidorreta está más fuera que dentro y tan solo el firme bloque que hay construido y los canteranos que dirige Mariano de Pablos hacen creer a una afición cada día menos ingenua y en la que es todavía muy presente el daño de un descenso más institucional que deportivo.

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sábado, 7 de abril de 2012

Ya no es por la salvación

  • El Sporting se deja la permanencia en el Coliséum Alfonso Pérez.
  • El equipo de Clemente jugó un buen fútbol, pero, tal y como están ni eso es suficiente.
Ya no es la salvación, ya no es el método Clemente, ya no son las ocasiones y ya no es el fútbol que crea el Sporting. No es nada de eso lo que está llevando a los rojiblancos a segunda división, es la falta de gol, no de coraje ni de fuerzas, sino de encontrar la pózima que acabe con el drama que están viviendo los asturianos.

Como antes de cada partido, el optimismo estaba presente en las caras de la plantilla, que era consciente de lo que se jugaba. En la semana más turbia de la historia reciente del Sporting, junto con la previa al partido frente al Real Madrid el año pasado, ya que el entrenador había dicho todo lo que quiso y más en rueda de prensa, lavar la cara y empezar a creer en el milagro era el objetivo de la tarde.

Clemente alineó un once de jugadores más serios que atrevidos, y eso, en parte le condenó. Con Lora y Rivera cerrando, la creación se reservaba a De las Cuevas, que también tenía que actuar de extremo y de enganche, demasiado para un jugador. Los locales, en cambio, no presentaron novedades y jugaron a la defensiva, renunciando a todo lo que en su día fue el club de cara al trato del balón.

Los del norte tocaban y tocaban, haciendo un partido disciplinado en el que demostraron que este equipo hace buen fútbol y aporta a la Liga más que muchos otros que pelean por cosas superiores. Los remates llegaban, pero sin veneno ninguno para el meta madrileño. Era demasiado bonito para ser cierto y, cuando mejor estaba el equipo llegó el fantasma de esta temporada que ni un cazador ha sabido aniquilar, los errores defensivos. Fue en el lanzamiento de que peinó Miku, sin oposición de Canella, que le había ganado la espalda. 

No se rindieron, sin embargo, los jugadores, que se aisalron del marcador para seguir con su juego buscando esa ocasión que nunca llega, y más si eres el Sporting. Solamente Colunga, en su regreso a Getafe fue capaz de meter el miedo a los azulones, pero no pudo controlar en el área.
Antes del final de la primera mitad, el entrenador de los visitantes volvió a chillar y a enfadarse con su zaga que, tal y como está últimamente no merece ser llamada defensa, por dejar a Valera controlar, dormir la pelota y rematar en el saque de un córner.

Nada más empezar la segunda parte, Diego Castro, sin un marcaodr fijo, para no perder la costumbre, fusiló a Juan Pablo para poner el 2-0 en el luminoso y, con ello, un pie de su antiguo equipo en la segunda categoría.

A partir de ese momento, el Getafe renunció a todo lo que fuera dar dos pases seguidos y recurrió a faltas tan duras que Texeira Vitienes -que antes obvió una pena máxima sobre Barral y la expulsión del Cata Díaz- se vio obligado a mostrar cuatro amarillas de misericordia, ya que, en algunos casos, pudieron ser roja.

Javier Clemente optó por meter todo su arsenal en el campo, poniendo a Nacho Cases, que debió entrar desde el principio, ya que es el único que crea juego de los asturianos, a Carmelo por Colunga, que estuvo horrible y a Barral por Rivera, en una sustitución con la que se buscaba la aportación de un jugador emblema.

Trejo, el mejor de los rojiblancos, falló un tiro a placer delante de Moyá. Ni la suerte estaba esta tarde con los que más buscaron.

El partido cuncluyó en un sinfín de disparos a los que el meta getafense no tuvo ni que acercarse.
El Sporting tiene pie y medio en segunda y, con cómo está el panorama, lo único que puede hacer el entrenador es amenizar -si hay algún modo de hacerlo- el descenso, dando oportunidad a jóvenes de la cantera o logrando algún que otro triunfo en El Molinón mientras la directiva encauza el proyecto para el año que viene, donde buscará el ascenso a primera. Categoría en la que estarán los rivales de esta tarde, que con el 2-0 han firmado el documento que da derecho a la permanencia.

En una semana en la que Clemente no se ha callado a la hora de dar su opinión sobre los dirigentes de la iglesia y los periodistas, sería un error decir que su equipo juega mal al fútbol, ya que es una gran mentira, tan grande como que está anticuado. Simplemente tiene un problema que tiene que corregir y ya no es por el bien de la Liga, ya no es por su entrenador y, por no ser, no es por la salvación, es por poder apelar al término que nombró Barral el pasado lunes, la dignidad.