- El conjunto de la calle Serrano consuma su primer descenso en 64 años.
- Al perder con el UCAM Murcia, perdieron matemáticamente la categoría.
Carlos Jiménez, que concluyó su andadura como profesional ayer, resignado |
El partido comenzó con una exhibición de triples por parte de los locales, que salieron concienciados de la responsabilidad que supone defender el escudo de uno de los clubes más laureados de la historia del baloncesto español.
Con se recital contagió al Murcia, que soportó los nervios como nadie en el infierno azul, lo que quería la directiva, abucheada ayer para el partido.
Y entre Douby y Barlows, los triples llegaron al otro lado de la cancha, donde la victoria suponía la salvación matemática.
El Palacio era una fiesta, que se aguó rápido debido a una mala defensa en zona, que facilitó el libre albedrío de Augustinne, muy activo ayer. Antes del último asalto, eran cinco los puntos de diferencia en la capital y los mismos en Santiago que, unido a la paliza que el Lucentum Alicante asestaba al Mad-Cros Fuenlabrada hacía que el Estudiantes tuviese que vencer por catorce puntos, ganando el basket average.
Al final, el miedo llegó a las muñecas de Germán Gabriel, que siempre ha tirado del carro estudiantil en esta temporada y de Chris Lofton, excesivamente individualista.
La última vía de salvamento para los madrileños era forzar un prórroga que les diese cinco minutos de vida, pero no llegó. Cuatro triples fallados en los últimos dos minutos reflejaban la impotencia que se vivió ayer.
No se sabe si burocráticamente se salvarán los del Ramiro, pero lo que es seguro es que la grada nunca va a fallarles, ni siquiera en la LEB.
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